Gris

Mi color favorito es el azul, siempre lo ha sido. Me encanta cómo dependiendo de con qué se combine puede representar distintas emociones. Si yo pudiese ser un color, sería el azul. Mi alma es azul.

Hoy, sin embargo, alcé la cabeza y el techo enorme frío que cubría mi cabeza era gris. Esto es muy normal en Lima, no por nada le dicen Lima la gris. Pero por algún motivo hoy me chocó, hoy me chocó la densa neblina de Miraflores, me chocó el tráfico de camino al hospital, me chocó tomarle la mano y sentir que no tenía mucho futuro para sostenerla. Su mano es suave y sus uñas son más largas y fuertes que las mías.

Ella me parecía increíble, siempre me pareció así. De pequeña esperaba el día en el que pudiera usar sus vestidos y criar – sí, criar – plantas y flores como lo hacía ella. Soñaba con ser adulta y tener una casita tan chiquita y preciosa como la suya.

Me chocó esperar en el pasadizo de un hospital, donde nadie te dice nada, nadie te explica nada, nadie te ayuda en nada. Me chocó no haber estudiado medicina y poder al menos entender qué pasaba. Me sentí inservible.
Me chocó llevarla en silla de ruedas y ayudarla a subir a esa horrible cama de hospital. Me chocó que aceptara que le dejara mi chaqueta para abrigarse, ella que nunca acepta nada y siempre piensa en mi bienestar.
Me chocó que me aconsejara que me casara si es que lo amaba, ella que nunca creyó en el amor.
Me chocó tener que preguntarle cuál era su flor favorita apenas a esta edad.

Quiero mantenerme positiva, quiero mantenerme fuerte. Sobre todo eso último, porque sé que eso es lo que todos necesitan de mí. Mi tranquilidad es lo que más les importa, y eso es lo que debo darles. Pero dentro de todo sé que hay que ser realistas, sé que hemos engañado al tiempo tantas veces y que hoy los meses nos tienen en cuenta regresiva.
Hoy me permití no ser fuerte, hoy me permití dejar caer esa lágrima que se estaba queriendo asomar hace semanas, quizás meses. Hoy me permití sufrir exactamente por eso. Y digo permití porque mientras escribo esto me estoy secando las lágrimas con el puño de mi suéter, me estoy sonando los mocos y mentalizándome que mañana, cuando la vea de nuevo, tendré una nueva sonrisa para darle, y una nueva para sacarle. Sé que me quedan pocas caricias por darle y pocas sonrisas por sacarle, pero  que aún quedan. Y eso es todo lo que importa ahorita.

Mi alma es como una enorme mansión que poco a poco voy descubriendo. Tiene cuartos asignados y unos tantos sin asignar, hay cuartos que se vacían y se vuelven a llenar, hay otros que nunca podrán volverse a llenar. Cómo me gustaría que su cuarto no se quedara nunca vacío…

Mi alma está enferma, o una parte de ella. Mi alma está de color gris.

 

Veintisiete de Junio

Él y yo somos de esas parejitas románticas que viven diciéndose que se aman.

Por ejemplo, hoy me pidió un café y se lo preparé.
Le dije que quería un libro, y anotó el nombre.
Arregló mi oficina conmigo, sin pensar en que debía de trabajar.
Lo abracé incluso cuando no quería ni tocarme a mí misma.
Me abrazó incluso cuando sintió rechazo.
Esperé que terminara su trabajo para ir a dormir juntos.
Me dijo que no quería perderme nunca.
Le dije que yo tampoco.

 

Gracias 

Saber que estás ahí amándome,

es todo lo que me sostiene esta noche.

Saber que rondo tu mente en algún momento

es lo que me mantiene a flote.

Eres esa fuerza que a veces me falta.

Gracias por estar ahí, aunque no te vea.

Una madrugada más pensando en ti

Me he encontrado
una madrugada más
pensando en ti;
me he encontrado
pensando en tus dedos,
esos que recorren mi rostro
con tanta delicadeza,
como si fuera de porcelana,
como si me pudiese romper…
pero lo cierto, amor,
es que si tú me sostienes
no habrá parte de mí que se pueda quebrar.

Y descubrí que estas cuatro paredes
no me pueden proteger de extrañarte,
y que el viento me recuerda
que ya es otoño,
que ya podemos jugar a pisar hojas secas en la acera,
que me vas a quitar el frío por las noches,
así como me quitas el sueño cuando no estás.

Las ansias de sentir tu saliva entre mis labios
me pican en la piel,
las ganas que tengo de estrujarte
y decirte
que te he esperado,
que te espero,
y que gracias por estar aquí
– por favor no te vayas más-.